Por Qué Comenzamos Cada Caminata en El Abuelo Peumo
- colerj
- 3 oct 2025
- 3 Min. de lectura

Un ritual de respeto, raíces y conexión en Camp Mákemáke
En lo profundo de los boscosos cerros de Mákemáke Farm, donde el bosque nativo aún respira y el silencio habla, se encuentra un árbol tan viejo, tan quieto y lleno de sabiduría tranquila que lo llamamos El Abuelo Peumo.
Se estima que tiene más de 200 años, este árbol milenario — un Cryptocarya alba, nativo del centro de Chile — se ha convertido en el corazón sagrado de nuestras caminatas en Camp Mákemáke. Cada recorrido en la Reserva Centenario comienza a sus pies. No por rutina, sino por profundo respeto.
Porque entrar a un bosque sin reconocer a sus ancestros sería como entrar a la casa de alguien sin saludar.
¿Qué es un Peumo?
El peumo es un árbol emblemático del bosque esclerófilo chileno, o bosque mediterráneo siempreverde. Este ecosistema, único en el mundo, alberga especies que sobreviven a veranos secos y prosperan con el ritmo de las lluvias estacionales.
El peumo destaca no solo por su resistencia, sino también por su generosidad. Su fruto rojo alimenta a aves y fauna. Sus hojas verdes y brillantes ofrecen refugio todo el año. Su copa densa protege el suelo debajo. Y si se deja en paz, puede vivir trescientos años o más.
El Abuelo Peumo ha resistido sequías, tormentas y cambios. Su presencia continua es un regalo — y una responsabilidad.
Cómo Enseñamos a Reconocer el Peumo
En Camp Mákemáke enseñamos a los niños a identificar el peumo por sus características únicas. Aprenden a reconocer:
Hojas siempreverdes, gruesas y coriáceas, de color verde oscuro y brillante, con bordes lisos
Frutos rojos, parecidos a bayas, que atraen a aves y otros animales
Corteza lisa con un tono grisáceo-rojizo u orangoso, que se vuelve más rugosa y rica en color con la edad
Su copa redondeada y densa, que destaca entre otros árboles nativos
Al aprender a distinguir el peumo, los niños se conectan más profundamente con el bosque y comienzan a apreciar la complejidad y diversidad del bosque esclerófilo.
Corteza, Taninos y Tradición
La corteza del peumo contiene altos niveles de taninos, compuestos naturales usados durante generaciones por sus propiedades astringentes, antimicrobianas y tintóreas:
Curtido de cuero: Comunidades rurales en Chile hervían corteza de peumo para transformar pieles en cuero.
Tintes naturales: La misma corteza se usaba para teñir cuero y tela con un tono cálido y terroso, entre naranja oxidado y óxido.
Usos medicinales: Infusiones tradicionales con corteza y hojas se usaban para problemas digestivos, inflamaciones y cuidado de heridas — especialmente en enfermedades relacionadas con el frío.
Aunque menos documentado, se cree que el peumo también fue usado para aliviar molestias urinarias o renales, gracias a sus propiedades astringentes.
En resumen, este árbol fue mucho más que bello: fue útil, sanador y reverenciado.
Un Árbol del Pueblo
Para el pueblo Mapuche, el peumo (peumu, peñu) tiene un significado práctico y espiritual. Se ve no solo como fuente de alimento y medicina, sino como un ser con presencia — guardián de la memoria, protector de la tierra y símbolo de resistencia.
Cuando nos detenemos bajo El Abuelo Peumo, no solo nos detenemos para nosotros. Entramos en una relación con la historia — ecológica, cultural y humana.
Comenzando con Quietud
Antes de iniciar una caminata, nuestros campistas se reúnen en silencio bajo las enormes ramas de El Abuelo. Algunos tocan su corteza, otros se sientan a su sombra. La mayoría guarda silencio.
Alberto García-Huidobro, nuestro apasionado y guía orgánico, suele compartir historias aquí — cómo la corteza del peumo se hervía para tintes y cuero, o cómo su fruto era usado en remedios tradicionales. En su voz, ciencia y tradición se encuentran.
Este momento de quietud ancla al grupo. Señala que esta caminata no es solo un viaje físico, sino un paso hacia algo más antiguo, profundo y sagrado.
Un Comienzo Sagrado
Comenzar cada caminata en El Abuelo Peumo marca el tono de cómo nos movemos por el bosque: con atención, humildad y cuidado. No estamos para conquistar la naturaleza ni pasar por ella sin dejar huella. Estamos para estar en relación con ella.
A través de él, los niños aprenden a ver la naturaleza no como un paisaje, sino como una comunidad viva. Empiezan a entender que la sustentabilidad no es una lista de tareas, sino una forma de estar en el mundo.
Así, cada caminata comienza igual: en las raíces de algo antiguo, vivo y digno de nuestro más profundo respeto.
“El medio ambiente y la economía son realmente dos caras de la misma moneda. Si no podemos sostener el medio ambiente, no podemos sostenernos a nosotros mismos.”— Wangari Maathai
A la sombra de El Abuelo Peumo, se hace más claro por qué debemos caminar con cuidado y transmitir ese cuidado.
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